INSTITUTO DE FORMACION DOCENTE Y TECNICA EN ARTE Y COMUNICACIÓN PROF. ALBERTO MARIO CRULCICH
INVESTIGACION
PERIODISTICA
VIOLENCIA
DOMESTICA
AÑO 2009
TEMA: LA MUJER GOLPEADA
PROFESORA: Lic. MARIA ROSA DISANTO
ALUMNA: SOLANGE FERNANDEZ
MATERIA: INVESTIGACION Y REDACCION PERIODISTICA
AÑO: 2009
CASO PEÑALOZA
PROCESO DE VICTIMIZACION DE LA MUJER GOLPEADA
RELATO DE LA VICTIMA
Sonia Peñaloza es una médica de 37 años de edad, divorciada con tres hijos a cargo, que mantenía una relación amorosa con Marcos Barrera, a quien conoció en la universidad mientras estudiaba la carrera de escribanía. La relación se mantuvo aproximadamente durante tres años, no llegaron a vivir juntos pero sin embargo sus encuentros eran diarios, teniendo inclusive la tutoría de sus hijos, asistía con frecuencia a buscarlos en la escuela e incluso asistía a los eventos escolares.
Los primeros dos años de pareja no presentaron más dificultades de las normales en toda relación. El único hecho de violencia que refiere la víctima, como significativo, fue durante una discusión, cuando Marcos, con el cable de una plancha, le envuelve alrededor del cuello, dejándole marcas visibles que Sonia trató de esconder por vergüenza en su trabajo, no contándole a nadie, llegando a inventar una historia de lo ocurrido.
En el tercer año comenzaron los primeros actos que a Sonia le llaman la atención. En el mes de septiembre del 2007, en una discusión, Barrera le muestra un arma y le dice que es para matarla. No obstante, la relación continúa, siendo los episodios de violencia mas seguidos. En otra oportunidad Marcos le da como regalo una bala, diciéndole que era para ella y reiterándole que la iba a matar.
En otra oportunidad quiso atropellarla con el auto, ocasión que se evitó al no poder abrir el portón del garaje.
Sonia decide consultar a un médico compañero de trabajo, que estaba haciendo la residencia en la especialidad de psiquiatría, y es quien la advierte de la anormalidad en la conducta de Marcos y el peligro que representaba, aconsejándole que pusiera fin a esa relación pero, por su seguridad, que lo hiciera en forma gradual.
Es en ese momento cuando Sonia toma conciencia de su relación enfermiza con Marcos y de que las reacciones violentas no eran de su responsabilidad y que las actitudes que tenia no eran normales, tomando por estas razones la decisión de alejarse y poner fin definitivamente a la relación en los primeros días de diciembre
El 31 de diciembre del 2007, siendo aproximadamente las 08:00 horas, en el domicilio de Sonia se presenta Marcos irrumpiendo abruptamente, y sin mediar palabra con golpes de puño y a puntapiés logra derribarla al suelo atacándola con una silla de metal, propinándole gran cantidad de golpes en todo su cuerpo, pero sobre todo atacaba su rostro hasta deformárselo con gran cantidad de fracturas, para luego verla desvanecer y sacarla de la casa hasta la calle tirándole de sus cabellos, arrastrándola cerca de diez metros por el medio de la avenida mientras la golpeaba con insistencia, hasta que una persona que esperaba un colectivo y advertido con asombro de lo que estaba ocurriendo, le llama la atención en varias oportunidades y sólo cuando se acerca la suelta, dirigiéndose entonces hacia un comercio en la esquina para pagar una cerveza que había pedido momentos antes de dirigirse a la vivienda de Sonia.
Los múltiples traumatismos y fracturas sufridas por la victima casi acabaron con la vida de Sonia.
DIAGNOSTICO PSICOLOGICO
La mujer golpeada puede ser leída desde distintas ópticas: desde la Salud Mental y la Psicología. Para tratar de arribar a la problemática desde una perspectiva más social que clínica resultaría interesante lograr que la comunidad tome conciencia de su situación y asuma su propia transformación.
La conclusión simplista a la que comúnmente se arriba ante la problemática de la mujer victima de la violencia doméstica pone el acento de una manera determinante en la generación a cargo de la mujer de la respuesta violenta.
Los estudios que se realicen deben apuntar al análisis del comportamiento antisocial incluido en el contexto y la dinámica social en que se produce,porque responsabilizar parcialmente nos haría caer en lo injusto, sin desconocer casos en particular en la que no se puede ignorar el aporte al conflicto de la mujer.
La psicología comunitaria, como corriente nueva dentro de la psicología, nacida en los años sesenta del pasado siglo, ha contribuido a la interpretación de este grave problema doméstico no sólo desde el punto de vista psicoanalítico sino desde una esfera social, ya que plantea como ciencia la transformación de los individuos de una sociedad, la toma de conciencia y la acción colectiva, teniendo en cuenta los procesos no solo psicológicos y sociales, sino también procesos y categorías sociales e históricos más globales como la identidad, la cultura y el significado.
La emergencia de los problemas sociales que trae aparejado el conflicto doméstico y la transmisión del aprendizaje de las conductas violentas que en muchos de los casos son hereditarias, ya no pueden ser explicadas solamente con las posturas psicoanalíticas, es necesario interpretaciones mas amplias que contemplen el escenario en donde se desarrollan.
La problemática de la mujer golpeada debe ser leída en un contexto de violencia y agresividad dentro del seno familiar, entendiendo por agresividad como al conjunto de tendencias que se actualizan en conductas reales o fantasmáticas, dirigidas a dañar a otros. La agresión puede adoptar modalidades distintas de la acción motriz violenta o destructiva. El psicoanálisis ha concedido una importancia cada vez mayor a la agresividad, señalando que actúa precozmente en el desarrollo del sujeto y en el complicado juego de unión y separación en la sexualidad.
La peligrosidad es la probabilidad de que un sujeto, de acuerdo a sus condiciones psicofísicas, realice una conducta auto o hetroagresíva.
Cuando uno de los sujetos de la pareja realizó esta conducta entra en los que se denomina estado peligroso. Según Jiménez de Asúa, estado peligroso es la probabilidad de que un sujeto cometerá o volverá a cometer un delito.
Sin olvidar que la agresión no surge de repente. La peor violencia es la que no se ve.
La profesora Leonore Walker, dedicada durante más de 30 años a la investigación de la violencia contra las mujeres y la atención psicológica a las víctimas, es autora de numerosos libros y publicaciones y ha sido galardonada con importantes distinciones por su labor en favor de las mujeres y contra la violencia machista. En 1979, utilizando el modelo de la teoría del aprendizaje social de la desesperanza e indefensión aprendidas, investigó por qué las mujeres golpeadas no pueden visualizar alternativas en situaciones de agresión.
Los resultados de su investigación la llevaron a concluir, entre otras cosas, que al ser aisladas y golpeadas en etapas iniciales de su relación, estas mujeres trataban de cambiar la situación con relativo éxito traducido en la minimización o posposición de la violencia, pero pasado un tiempo este control empezaba a disminuir y la violencia regresaba. Con este enfoque y su experiencia de trabajo con mujeres maltratadas, Walker desarrolló la teoría del ciclo de la violencia conyugal, que se convirtió en la teoría auxiliar para el reconocimiento y tratamiento del problema en los últimos años.
La violencia conyugal es un fenómeno tan extendido que se lo considera como problema social grave que afecta a innumerable cantidad de mujeres de todas las edades y cuyas estadísticas son semejantes en diversos países de Occidente. El hecho de que sea el hombre quien ejerce la violencia en un setenta y cinco por ciento de los casos, nos indica que el problema tiene profundas raíces en nuestra sociedad.
La mayoría de los especialistas de todo el mundo dan por cierta la estadística que indica que el cincuenta por ciento de la población ha sufrido algún tipo de violencia dentro del ámbito familiar. Las formas más comunes de violencia familiar son el maltrato infantil, la violencia conyugal y el maltrato a los ancianos. El hombre es quien estadísticamente comete más actos de violencia dentro de la familia y de la pareja. En esta última el hombre es responsable del 75% de los episodios de violencia (el hombre que maltrata a su mujer), los casos de violencia cruzada se los calcula en el orden del 23% (ambos integrantes de la pareja se maltratan) y los casos en los que el hombre es víctima de violencia de parte de su mujer, alrededor del 2%.
Existe un concepto básico de la violencia conyugal para esta autora en lo que ella denomina como Ciclo de la Violencia, desarrollado extensamente. El ciclo descrito consiste en una fase de acumulación de tensión en el primer período y es durante el cual el hombre observa determinadas actitudes o conductas de su pareja que le originan determinados sentimientos que no expresa y que se acumulan en su interior. Luego viene una segunda fase de descarga a través de la violencia física, psicológica o sexual, La tercera fase es denominada de luna de miel o de arrepentimiento. En esa etapa el hombre se da cuenta que le ha producido daño a su pareja y le promete que nunca más sucederá. Pide disculpas y cree que va a cambiar. La mujer también cree en su arrepentimiento y generalmente considera que es un episodio aislado y ambos integrantes de la pareja creen entonces que el episodio se produjo por exceso de trabajo, por problemas familiares, etc.
Sin embargo, a lo largo del tiempo que dure la relación de pareja, estos episodios se repiten en un período cada vez más corto y generalmente cada vez con mayor intensidad. La mujer se da cuenta de que el hombre no cambiará su conducta al menos que consulte con algún terapeuta. Generalmente el hombre no lo hace y entonces ella le dice que si no cambia se tendrá que separar o bien se irá ella de la casa con sus hijos.
Esto es lo que en la mayoría de los casos ocurre, el caso de análisis lo confirma. Sonia, cuando es avisada por su amigo psiquiatra del riesgo que corría ante la conducta repetida de su compañero, toma recién conciencia de la gravedad de su situación.
CULPABILIDAD
PERFIL DEL AUTOR
Una persona que no es abusiva experimenta culpabilidad de una manera muy diferente a una persona abusiva. Una persona que no es abusiva experimenta culpabilidad hacia la víctima (culpabilidad dirigida a la víctima). Un abusador experimenta culpabilidad dirigida a sí mismo. No se siente culpable o se lamenta por lastimar a la víctima. Quizás se disculpe por su comportamiento, pero su disculpa está diseñada para que él no tenga que enfrentarse a las consecuencias o se le halle responsable. La meta de la etapa de culpabilidad es asegurarse que no lo van a atrapar y así no enfrentar consecuencias.
Si bien existe una tipología del hombre violento, es el denominado cíclico, y lo hace precisamente en el momento del ciclo en el cual se siente arrepentido o bien cuando su pareja se retiró del hogar o lo abandonó.
Es en ese preciso momento que el hombre tiene la motivación para iniciar el proceso de cambio.
Existen características de personalidad que permiten comprender el tipo de conductas que despliega.
La característica más destacable es lo que se denomina "doble fachada", mediante la cual puede observar una conducta social aceptable mientras que, en el ámbito privado, despliega la violencia hacia su pareja. Esto hace que la mayoría de las personas no le crean a la mujer cuando por algún medio denuncia los episodios de violencia. El hombre violento se muestra amable o excesivamente amable con sus vecinos y compañeros de trabajo, por lo cual tenderán a creer la versión de él, llegando a pensar que la mujer tiene sus facultades alteradas, etc. La mujer puede mostrarse confundida o desaliñada producto de muchos años de ser sometida a malos tratos. Puede, incluso, padecer diferentes trastornos psicológicos, a causa de la violencia, mientras que él parece estar siempre impecable, coherente en su discurso, etc.
Generalmente el hombre niega su violencia, incluso frente a los profesionales. Es importante destacar que no sólo niega su violencia sino que niega y minimiza las consecuencias de la misma. No tiene ningún registro del daño infligido. Cuando reconoce su violencia lo hace en un pequeño grado.
La justificación es otro componente típico y el argumento de la provocación es clásico, de esta manera el hombre logra poner la culpa en lo externo y no responsabilizarse por sus actos; y lo logra a través de múltiples justificaciones.
Dentro de las conductas violentas se encuentra como componente también de la personalidad, el control de las actividades de la mujer. El hombre no tolera que ésta lleve a cabo actividades que tienen que ver con su independencia, quiere mantener todo bajo su estricto control. Tiene una excesiva dependencia emocional de su pareja, por eso le resulta intolerable que ella se vaya, lo abandone. Él interpreta todas las actividades de ella como abandono y por lo tanto tienen el componente de los celos. Siente celos si ella le dedica mucho tiempo a los hijos, a hablar con sus amigas, con su madre, si tiene un trabajo o estudia, con los compañeros de trabajo, etc.
Generalmente el hombre trata de aislar a su grupo familiar y a su pareja del contacto con la familia de origen y del contacto con sus amistades y por tanto limitar el contacto social al mínimo produciendo así su aislamiento.
Existen varios ítems pasibles de ser discutidos cuando se habla de la violencia masculina, si no fuera por los movimientos feministas de los años setenta el problema de la violencia hacia la mujer estaría totalmente invisible para los ojos de los agentes de salud. En los primeros tiempos se quiso abordar la violencia masculina desde la perspectiva de la psiquiatría tradicional, desde el psicoanálisis y la terapia sistémica. Estos métodos han fracasado porque favorecen la justificación de la violencia y le quitan responsabilidad a quien la ejerce.
La psiquiatría mira al sujeto a través de un cuadro psicopatológico, el psicoanálisis al interpretar la conducta violenta como "descarga" de los impulsos agresivos y la terapia sistémica al igualar víctima y victimario como participantes del mismo sistema.
Es importante, pues, no sólo adoptar un modelo de defensa de la mujer maltratada sino también visualizar de qué manera funcionan en el terapeuta los estereotipos de rol masculino y femenino para distinguir correctamente que conductas éticas debemos seguir si queremos prevenir la violencia. Con las posturas netamente psicológicas se corre el riesgo de justificarla o por el contrario detenerla logrando que el hombre se responsabilice por la misma y ponga todo su esfuerzo por erradicarla. Debemos tener en cuenta que nada justifica la violencia.
CONDUCTA DESPLEGADA POR EL AUTOR
Marcos Barrera, antes del hecho, bebe una cerveza en un comercio cercano y va hasta la casa de Sonia. Cuando toca la puerta ella sale en forma confiada creyendo que era su hermana, a la que estaba esperando. El no se da conocer, se esconde y en forma imprevista irrumpe en la vivienda de la víctima y comienza a golpearla. A él no le importó que ella consideró que la relación había terminado, no le creyó porque en su relación nadie más que él disponía.
Esta es la característica de la personalidad: tener el dominio de todo lo que ocurra en la vida de la otra persona, de acosar, de hostigar, de manipular a su conveniencia por ser el que impone las reglas, las normas, sin importar que no sean las convencionales por que es él, el que impone su ley.
Si bien el autor se dice alcohólico, y la víctima refiere esta dependencia, no es el alcohol lo que hace a una persona ser violenta. La sustancia estimula la agresión. Si la persona no es agresiva no tendremos a un agresivo, pero si la persona tiene como rasgo de personalidad la tendencia a la agresividad entonces tendremos a un individuo con la posibilidad de que perpetre un crimen violento. Esta relación debe ser contemplada en un patrón interactivo entre las características del bebedor, los efectos psicológicos del alcohol y los factores provocadores de la situación, ya que la conducta resultante de la bebida varia en función del contexto.
Existe una creencia popular muy generalizada y que hay que erradicar y es que el consumo abusivo de sustancias toxicas es precursora de actos criminales, particularmente de los violentos. Sin embargo, los investigadores indican que la delincuencia y el consumo de alcohol o drogas forman parte de un estilo de vida desviado originado por un complejo grupo de factores entre los que se incluyen tanto las características personales y sociales del individuo pobreza, bajo nivel educativo, escasa vinculación de metas y valores convencionales, etc. como variables contextuales.
El consumo de alcohol, por lo tanto, no se puede considerar como causa necesaria y suficiente a la hora de explicar la ocurrencia de conductas violentas en el golpeador de mujeres, y en el caso en análisis.
Las características de la personalidad de Marcos Barrera, nos llevan a considera que sin llegar a tener una enfermedad mental, sí nos encontramos con una anormalidad como es la psicopatía que de acuerdo con el DSMIV (Manual de Diagnostico de Psiquiatría) es diagnosticada como Trastornos de la Personalidad, más específicamente un Trastorno Antisocial de la Personalidad.
Las características esenciales de estas personas relacionadas a su conducta afectiva son la imposibilidad del sentir, de tener conexión con las emociones, la falta de sentimientos de culpa y de arrepentimiento. Esta insensibilidad derivada de sus propias acciones los lleva a la irresponsabilidad, la deshonestidad, a la crueldad, y a la falta de remordimiento derivada de sus actos.
Estas características revelan en el autor las razones por las cuales las conductas de respuestas no son satisfactorias para una lógica integrada, ya que las actitudes tales como el desinterés de la evolución de las lesiones que el mismo causó, como las llamadas telefónicas realizadas desde el centro de detención en donde actualmente se encuentra, son actitudes amenazantes que deben ser leídas como determinantes para lograr el desánimo de la víctima en la prosecución de la causa ante la eminencia del juicio de vista de causa, y que solo reflejan la actitud de manipulación que, como rasgo de personalidad, no hace más que afirmar la conducta psicopática y que a casi dos años de los hechos sigue manifestándose.
PERFIL PSICOLOGICO DEL AUTOR
El concepto moderno de psicópata comenzó a utilizarse con la aparición del libro ¨The mask of sanity¨, de Hervey Cleckley, publicado en 1941. Desde entonces, el concepto hace referencia a un constructor teórico con características de personalidad muy definidas y que lo diferencian del delincuente común, aquel que viene diagnosticado como antisocial según los manuales de clasificación de lo trastornos mentales del DSM IV.
Para el psicópata, las relaciones humanas no son necesarias, solo tienen utilidad en la medida en la que se pueda obtener algún beneficio de ellas. VICENTE GARRIDO, psicólogo criminalista y profesor de la Universidad de Valencia, reivindica la importancia de una "predicción razonable" como arma estratégica de la mujer para luchar contra la violencia de género. Para él, los síntomas para detectar a un hombre violento serían:
– La mujer tiene la intuición de que se halla en peligro.
– Al comienzo de la relación, el hombre presionó a la mujer para que se comprometieran, vivieran juntos o se casaran.
– Resuelve los conflictos con hostilidad, intimidando o siendo agresivo.
– Emplea palabras y argumentos que suponen abuso psicológico, insulta y humilla.
– Usa amenazas e intimidación como medios de control o abuso, tales como amenazar con palizas, calumnias, restringir la libertad de su pareja, revelar secretos, dejarla sin amigos o dinero, abandonarla o cometer suicidio.
– Rompe cosas en ataques de ira, muchas veces con un contenido simbólico, como rasgar la foto de boda o destrozar objetos significativos.
– Ha golpeado a otra u otras mujeres anteriormente.
– Toma alcohol o drogas con efectos facilitadores de la violencia (pérdidas de memoria, accesos de ira, profunda suspicacia, actos de crueldad).
– Asegura que el alcohol o las drogas son la causa de su comportamiento violento.
– Ha sido detenido anteriormente por hechos como amenazas, coacciones, malos tratos o delitos de lesiones.
– Ha habido más de un incidente de conducta violenta con la pareja.
– Usa el dinero para controlar las actividades, compras y la conducta de su pareja.
– Es celoso de cualquier persona o actividad que le quite a él control de su pareja; le pide que le explique todo.
– No acepta que le rechacen.
– Da por hecho que la relación va a ser para siempre.
– Proyecta emociones extremas sobre otras personas (de odio, amor, celos…) sin que parezca justificado.
– Quita importancia a los incidentes de abuso.
– Emplea mucho tiempo en hablar de su pareja y parece que una gran parte de la valía de esa mujer se deriva del hecho de que él es su marido, amante o novio.
– Intenta implicar a los familiares o amigos de su pareja en una campaña para recuperar la relación, si ésta se ha roto.
– Vigila o persigue a su pareja.
– Cree que las personas que rodean a su mujer están en su contra, y que la animan a que lo deje.
– Parece muy rígido en su forma de pensar, y no quiere adquirir ningún compromiso que le suponga cambiar.
– Justifica la violencia realizada por otras personas, cuando un observador sensato la desaprobaría.
– Sufre cambios súbitos en su estado de ánimo, o bien suele estar depresivo o iracundo.
– Suele echar la culpa a otros por sus errores; no se responsabiliza de sus acciones.
– Hace comentarios que llevan a pensar que él se siente poderoso y dominador cuando tiene un arma de fuego u otros objetos susceptibles de causar la muerte.
– Emplea los "privilegios de ser varón" como una justificación para su conducta, trata a su pareja como a una criada, toma él todas las decisiones importantes, tiene expresiones despectivas sobre su sexo.
– Vivió de niño en un ambiente de violencia.
– Ella le tiene miedo; teme que le golpee o incluso que haga algo peor.
Para la DRA. OLGA LUGO, psiquiatra, hay dos tipos de agresores: EL AGRESOR DEPENDIENTE es el más frecuente. Suele tener un pobre concepto de sí mismo, se siente un fracasado en su vida personal y social, suele abusar del alcohol o las drogas, y busca en el dominio de la mujer la afirmación de su valía. Es celoso, posesivo, desconfiado; es el más firme candidato a suicidarse después de matar a su mujer.
EL AGRESOR PSICÓPATA ni siquiera quiere de modo patológico; su problema es que no quiere a nadie. Los psicópatas, contrariamente a los agresores dependientes, tienen un gran ego, son inteligentes, mentirosos, manipuladores, no sienten arrepentimiento y desconocen por completo lo que es el amor o cualquier otro sentimiento (compasión, piedad, sacrificio…). Eso les permite ser las personas más crueles que existen. El psicópata instrumental posee a su pareja porque de ella obtiene ventajas económicas, sexuales o sociales. No goza del hecho de dominarla o esclavizarla, sino por los beneficios que ella le proporciona. El psicópata posesivo, en cambio, no necesita sus servicios, sino la gran excitación emocional, la experiencia de omnipotencia que le proporciona ser su amo. Éste es más peligroso que el anterior, porque no cambia con tanta facilidad de víctima, mientras que el instrumental la dejará en paz si observa que son muchos los inconvenientes o si tiene una nueva enamorada a la que engañar.
Tanto el agresor dependiente como el psicópata pueden ser violentos física y psicológicamente. Pero sin duda es el psicópata el más destructivo en la tortura psíquica.
Los agresores perciben el recurso de la violencia en una pareja como un medio para controlar la vida familiar (Carlson, 1977). Establecen de este modo el poder de dominación.
Un gran número de entre ellos emplea la violencia para justificar la realización de su rol de hombre. La violencia se convierte en el medio para controlar a su pareja, de alimentar su imagen de sí mismo y de dominar las personas de su entorno más cercano (Elbow, 1977). La violencia se emplea también como medio para camuflar su inseguridad.
A menudo el maltratador recurre a la violencia porque no ha desarrollado las habilidades necesarias para expresar sus sentimientos, su inseguridad. La violencia es el único modelo que conocen para solucionar los problemas.
TRATAMIENTO JUDICIAL
Las victimas de violencia familiar no tienen un respaldo judicial esperado, las mujeres que acuden a la denuncia de sus parejas no tienen la contención esperada por ellas.
“No nos olvidemos que este tipo de víctimas son extremadamente vulnerables a la insensibilidad. Al encontrarse con funcionarios, ya sean policiales o judiciales que no puedan satisfacer sus necesidades de seguridad, producen instantáneamente el abandono por el trámite y la descredibilidad del sistema, logrando de esta manera acentuar la inseguridad a la que son sometidas por sus victimarios” dice la DRA GRACIELA LOZANO, abogada defensora de Sonia Peñaloza, master en criminología.
Por eso la necesidad de contar con organismos especializados en la problemática de la violencia de género que se encuentren en condiciones de ofrecer asistencia integral a las mujeres que acuden en forma desesperadas, para lograr su contención.
Comúnmente, cuando la mujer denuncia una agresión de su pareja, en muchos de los casos es aconsejada por el trámite de “exposición”; en otros casos se aconseja la denuncia como una lesión del carácter que sea, leve o grave según el caso, teniendo como consecuencias la excarcelación de su autor, siendo en la mayoría de los casos contraproducentes para la mujer.
“No se puede tratar como un hecho puntual la denuncia, fuera de un contexto de violencia doméstica, por que no sirve atender judicialmente solamente al hecho denunciado sino que debe ser investigado en la composición en la que se desarrolla debiendo ante la mínima sospecha de estar frente a actos repetidos de su autor, intervenir en forma integral inmediatamente para lograr el cese de las hostigaciones con la intervención de la autoridad estatal” DRA. LOZANO.
“Cuando la mujer víctima de la violencia doméstica se atreve a denunciar es el comienzo del “darse cuenta”, y hay que prestarle atención y ayudarla a poder salir del circulo de violencia, porque de esa manera podremos prevenir lesiones físicas y psicológicas en mujeres y niños y hasta incluso muertes, pero sobre todo lo que vamos a evitar son las conductas aprendidas que se transmiten indefinidamente, haciendo un daño irreparable en la sociedad en la que vivimos” dice la Lic. ANA CRISTINA GÜNTER, psicóloga.
CONCLUSIÓN:
La mayoría de los especialistas sostienen que la violencia es una conducta aprendida. El aprendizaje es un proceso muy complejo que aún está en discusión. Sin embargo se sabe que existen dos formas básicas de aprender, que son la observación y la imitación. Un gran porcentaje de hombres han sido testigos de violencia conyugal en sus infancias, como también muchos de ellos han sido maltratados físicamente, psicológicamente, sexualmente o bien han sido abandonados.
La conducta violenta es reforzada por la sociedad, que sostiene un cúmulo de creencias respecto del hombre y de la mujer. Al hombre se le permite expresar violentamente y hasta podríamos decir que se sostiene que aquel hombre que no lo hiciera no es suficientemente hombre. En la mujer se trata de que reprima su expresión de violencia y si lo hiciera se dice que es poco mujer, etc. Se han hecho numerosos estudios acerca de la socialización genérica.
La violencia es una conducta aprendida, los terapeutas de hombres violentos manejan determinadas técnicas adecuadas para lograr que éstos aprendan formas no violentas de relacionarse con sus parejas y de esta manera lograr un cambio que favorezca el normal desarrollo del grupo familiar.
En el caso analizado en particular, Sonia había caído en el círculo de violencia que no podía salir, la red de telaraña ya estaba tejida, sin que pudiera darse cuenta. Sólo cuando se encontró hospitalizada e inmovilizada es cuando tomó conciencia cabal de su imposibilidad de resolver por sí misma la violencia de su compañero, ya los intentos de esconder la situación de violencia no eran suficientes para justificar la conducta brutal: el rostro mostraba las marcas de la ferocidad propinada a la indefensa mujer. Sus argumentos ya no eran creíbles. Su familia hacía todos los intentos por entender por qué Sonia no había dicho nada de lo que estaba pasando.
Bibliografía:
Dutton y Golant, S. "El golpeador, un perfil psicológico", Ed. Paidós, Bs. As., 1997.
Leonor Walker, "The battered wornan" Harper and Row, New York, 1979.
Leonor Walker, "The battered woman syndrome" Springer, New York, 1984.
Alipio Sánchez Vidal, “Un enfoque integrado” Ed. Pirámide, Madrid, 2007.
Vicente Garrido, “El psicópata”, Ed. Algar,2000.
Vicente Garrido, “Educación Social para delincuentes”, Ed. Tirant Lo Blanch, Valencia 1998.
Vicente Garrido, “Técnicas de Tratamientos para Delincuentes” Madrid, Fundación Ramón Areces, 1993.
Vicente Garrido y José Luis Alba Robles, “Manual de intervención educativa en readaptación social”, Ed. Tirant Lo Blanch, Valencia, 2005.
Entrevistas:
Dra. Graciela Lozano, abogada Universidad Nacional de Córdoba; defensora de Sonia Peñaloza; master en Criminología Universidad Aconcagua, Mendoza.
Dra. Olga Lugo, psiquiatra, Universidad Nacional del Litoral.
Lic. Ana Cristina Günter, Universidad de Buenos Aires.
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